Post escrito por  Anushik Aghajanyan

La Solidaridad Internacional es la salvación de las personas. Así lo concibe Virginia Dandan, experta Independiente de la ONU sobre esta materia, quien fue la responsable de elaborar, en 2014, la Propuesta de proyecto de declaración sobre el derecho de los pueblos y las personas a la solidaridad internacional, aún en proceso de ser aprobada.

Dandan participó el pasado 17 de febrero en una Jornada de Diálogo, organizada por el ICID, titulada “Derecho a la Solidaridad y Cooperación para el Desarrollo”. En esta, ofreció una ponencia marco sobre el derecho a la solidaridad internacional y estableció un diálogo con diversos actores de la sociedad civil y entidades públicas, con el fin de ahondar en la cooperación para el desarrollo y su relación con la solidaridad entre las personas y los pueblos.

“¿Qué podemos hacer nosotros, como personas, para resolver los problemas del mundo?” Este fue el comienzo de la ponencia de Virginia Dandan, que, desde el primer momento, mostraría el papel activo que le otorga a la ciudadanía, no solo en un ámbito general, sino también en la solidaridad internacional. De esta forma, Virginia concibe la solidaridad internacional como la salvación para las personas y el mandato de Naciones Unidas como uno de los medios para cumplir este objetivo.

Convergencia entre los pueblos

En su Propuesta, la experta define la Solidaridad Internacional como  “la convergencia de intereses, propósitos y acciones entre los pueblos, las personas, los Estados y sus organizaciones internacionales, con el fin de preservar el orden y la supervivencia misma de la sociedad internacional, así como de alcanzar objetivos colectivos que requieren la cooperación internacional y una acción conjunta, sobre la base del sistema normativo internacional de derechos que ellos aplican y practican para fomentar la paz y la seguridad, el desarrollo y los derechos humanos”.

Asimismo, Virginia Dandan hace referencia al principio de solidaridad que expone Theo Van Boven, como “un concepto que reivindica progresivamente los derechos y responsabilidades comunes y la formación de una comunidad internacional”.

El concepto de solidaridad internacional en Naciones Unidas no es algo nuevo, dijo la experta, pues se ha ido definiendo desde los comienzos de la organización en diferentes documentos, haciendo referencia a la misma a través de la cooperación en la resolución de los problemas internacionales, del desarrollo de la paz, la seguridad y los derechos humanos, del apartado de solidaridad internacional de la Declaración del Milenio en el que se afirma que “los que sufren, o los que menos se benefician, merecen la ayuda de los más beneficiados”, de la resolución 18/5 del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, de la definición de cooperación de la resolución 60/251 de la Asamblea General de Naciones Unidas…

Herramienta para la exigibilidad

A continuación, Paloma García Varela, como representante de ISI Argonauta, abrió el diálogo presentando la cooperación para el desarrollo como una obligación para los Estados y una responsabilidad para la sociedad, donde la cooperación internacional aparece como herramienta para hacer cumplir los derechos. En España, decía, los poderes públicos incumplen esta obligación, pues no se cuenta con una política de Estado basada en derechos humanos, sino que se trata de una política que se modifica cada vez que cambia el gobierno. A esto hay que añadirle el hecho de que no exista una educación en derechos humanos, luego no se promociona el derecho activo, “el de promover tanto mis derechos como los de los demás”. De esta forma, llegó a la conclusión de que el Derecho a la Solidaridad Internacional podría emerger como una herramienta para la exigibilidad de una política pública de cooperación para el desarrollo.

 

Promotor de los objetivos de la Agenda 2030

Carlos García Paret, como representante de la Coordinadora de ONGD de España, presentó las conclusiones del Informe Aid Watch sobre la situación de la política de cooperación española. Ni la cooperación para el desarrollo, ni el desarrollo e implementación de la Agenda 2030 ni el avance en derechos humanos están yendo por buen camino en España, por lo que afirmó con contundencia que la solidaridad internacional podría ser el real promotor de estos objetivos.

En 2015, la Ayuda Oficial para el Desarrollo española se estancó en 1.4 millones de euros, lo que supone un 0,13 de la RNB: mientras que en los últimos tres años se ha dado una etapa de crecimiento en España, los recursos se han ido recortando, lo que entra en contradicción con las promesas del gobierno. Por ello, Carlos García afirmó que se trata de una “cooperación raquítica y desmantelada, que no solo sufren las ONG sino otras entidades como la AECID”. Ante esta situación, destacó el compromiso de la sociedad civil por mejorar la situación, frente a la nula actuación del gobierno, a pesar de la voluntad política de ser una potencia internacional. “Lo que hace falta es que el gobierno se ponga las pilas”, concluyó.

Por otra parte, Sonsoles García Nieto, como Presidenta de la Red de ONGD de Madrid, compartió la experiencia de la cooperación para el desarrollo madrileña, como muestra de solidaridad internacional desde el ámbito local. Su organización apuesta por la Cooperación Internacional con un enfoque de Derechos Humanos, desde una cooperación local, afirmó. Siguiendo esta línea, habló sobre el Plan de Derechos Humanos aprobado en Madrid recientemente y se preguntó por el impacto que podría tener esto sobre los derechos humanos en general. Además, esbozó su interés por la importancia de la incidencia social en cuanto a la implicación de la ciudadanía global.

Virginia Dandan intervino afirmando que España recibe ayuda para el desarrollo que debería estar usando para el mismo desarrollo del país, lo que parece que no hace. El Estado es solo uno, no importa qué gobierno esté al frente del mismo, por lo que coincidió con Paloma García en que es necesaria una política de Estado.

La Agenda 2030 a la que hizo referencia Carlos García, por otra parte, tiene un lema curioso: “no dejar a nadie atrás”. Pero, ¿quién es nadie? Según Virginia, se trata de una pregunta que debería ser contestada por el gobierno, al igual que le corresponde al Estado tomar las medidas correctas para implementar los objetivos enunciados. Así, supone una excusa muy pobre el decir que no hay recursos, cuando España está recibiendo ayuda desde fuera, y, por supuesto, si no se establece ese nivel de solidaridad a nivel local, no se podrá alcanzar a nivel internacional. En relación a esto, Virginia aprovechó para expresar que todo comienza en lo local, tratándose de un modelo bottom up. También intervino Pilar Debén, haciendo referencia al concepto que han acuñado las ONG: “no hay que perder lo glocal”.

Por otra parte, Javier Baeza, de la Parroquia de San Carlos Borromeo de Entrevías, aludió a su experiencia en dos sentidos: el que resulta rompiendo la dicotomía entre los buenos y los malos y el que trasciende la tradición religiosa, llevando ambos a una solidaridad que permite compartir y disfrutar unos de otros. En otras palabras, presentó la labor que se lleva a cabo en la parroquia como un ejemplo de la solidaridad popular y ciudadana con los colectivos más desfavorecidos y reivindicó la necesidad de elevar esto a una solidaridad nacional.

A continuación, Jadiyetu El Mohtar, responsable de Relaciones Internacionales de la Unión Nacional de Mujeres Saharauis (UNMS), expuso la relevancia de los movimientos de solidaridad ciudadana en el ámbito internacional con las causas de otros pueblos y colectivos, concretamente con el saharaui. La representante hizo un recorrido histórico por el conflicto de 41 años, afirmó que “los refugiados saharauis son los más antiguos del mundo” y denunció las iniciativas de Naciones Unidas, afirmando que “debería mojarse más”, haciendo referencia al intento de Ban Ki-Moon por visitar la zona de conflicto y a la retractación del mismo tras la prohibición de Marruecos por hacerlo. Reafirmó, de esta forma, una solidaridad internacional que ahondara en el origen de los conflictos y fuera capaz de llevar iniciativas que resolvieran los mismos. Virginia, como respuesta a esta intervención, dijo que nadie puede entrar en un país si se le prohíbe la entrada, algo que incluso concierne al Secretario General de Naciones Unidas, por lo que en aquel momento Ban Ki-moon no pudo actuar de otro modo. “Hoy, necesitamos trabajar con la realidad que tenemos en frente”, expresó.

La representante de Brigadas Internacionales por la Paz, a su vez, identificando la organización como un “conjunto de personas que van a conflictos como escudos humanos”, expuso la solidaridad internacional desde la defensa y la exigibilidad derechos humanos.

Como última intervención, Celia Fernández Aller, representante de la organización ONGAWA, presentó el proceso de reconocimiento del Derecho al Agua: “tengamos en cuenta que los derechos humanos tienen gran exigibilidad, sobre todo por parte de la sociedad, quien ha sido la que con su movimiento ha impulsado su reconocimiento”. Por último, dio con un punto clave: “que un derecho se reconozca, no implica que sea exigible jurídicamente”.

Virginia cerró la jornada con una llamada al optimismo: “Necesitamos ser capaces de motivarnos a nosotros mismos para no perder la esperanza. Si juntamos cada una de nuestras acciones, veremos el vaso medio lleno”.